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Disertación del Periodismo ciudadano en el momento actual

El Periodismo ciudadano es aquel en el que son los ciudadanos (y no empresas de comunicación) quienes recogen, analizan y difunden la información de forma independiente. El ejercicio de este derecho está amparado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que establece que todos los individuos tienen derecho, no sólo a recibir información y opinión, sino también a difundirlas por cualquier medio de expresión, derecho que también está recogido en algunas legislaciones estatales como la Constitución Española de 1978.

PERIODISMO CIUDADANO

Unos le llaman periodismo ciudadano, o periodismo social, participativo, 3.0, periodismo comunitario, o periodismo crowdsourcing (proviene del inglés crowd (masa) y sourcing (externalización), también conocido como “subcontratación voluntaria”, consiste en externalizar tareas que, tradicionalmente, realizaba un empleado o contratista, a un grupo numeroso de personas o una comunidad o masa, a través de una convocatoria abierta). Todos ellos son términos aplicados a un nuevo tipo de comunicación basada en el contenido procedente del ciudadano, que ya no se limita a ser un consumidor pasivo, sino que además, participa en la generación de información y lo hace a través de propuestas tan populares y efectivas como Wikipedia o YouTube.

La expansión del uso de Twitter y los blogs ha hecho que más y más periodistas hayan adoptado una posición activa en los medios web para poder contactar con los ciudadanos. Sin embargo, el crowdsourcing no es un enfoque que un solo periodista pueda poner en marcha, se necesita la fuerza de la multitud, de la ciudadanía y se debe ofrecer algo a cambio para que todos estos individuos se mantengan atentos y participen.

El periodismo ciudadano surge a finales de los años 90, cuando el periodista Dan Gillmor se percató que las columnas sobre tecnología que escribía en el periódico de Silicon Valley, San José Mercury News tenían mayor éxito en su blog.

Esto se debía a la posibilidad que ofrecía el poder discutir, opinar y discrepar sobre un artículo en particular. A partir de su experiencia, escribió un libro sobre periodismo ciudadano titulado “We The Media” (nosotros el medio).

El periodismo ciudadano tiene su máxima expresión en Corea, donde Oh Yeon-ho, un visionario de ese país creo el diario ciudadano “Oh My news” a principios del año 2000 y que actualmente es el referente internacional del periodismo ciudadano, con más de 37.000
corresponsales ciudadanos y más de 14.000.000 de visitas diarias.

Es así que concebimos el periodismo ciudadano y a nuestros diarios adscritos en este fenómeno como parte de un periodismo que vive en la era de la red de redes, donde los medios de producción cambiaron y los ordenadores son instrumento de un estilo y movimiento de conectividad para competir con conectividad a nivel mundial.

Un claro ejemplo de periodismo ciudadano ha sido el seguimiento de las Revueltas Árabes de 2011 en países como Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, Egipto, Jordania, Siria, Arabia Saudí, Yemen y Omán. El periodismo ciudadano a tenido un gran papel debido a la manipulación de la información emitida desde los países que no era veraz y desde el pueblo a través de las redes sociales conseguía llegar informaciones más claras a pesar de que no fueran periodistas.

Iran protesta periodismo ciudadano censura represion

También los movimientos ciudadanos reivindicando la democracia real en el mundo occidental han participado de una forma muy activa en el periodismo ciudadano, llegando al punto de que la mayoría de las personas que se concentraron en diferentes ciudades como Madrid, París o Nueva York, promovieron los levantamientos a través de redes sociales e informaban sobre la situación allí y manifestaban sus pensamientos e ideales.

A las grandes empresas les debe interesar tener buenos periodistas, pues son vitales en situaciones de abuso de poder y corrupción. La enseñanza de periodismo tiene un gran impacto dentro de una sociedad en democracia, pues garantiza la existencia del llamado ‘perro guardián’ en la formación de la agenda de noticias y permite un equilibrio informativo. Las universidades deben formar periodistas cuya presencia sirva al análisis e interpretación, así como un contrapeso dentro de los medios de comunicación. También una reacción al periodismo tradicional es el periodismo ciudadano. Debido a que un periodista tradicional está formado, los periodistas ciudadanos deben tener cierto nivel cultural para que la información pueda ser correcta y verificable y que no sea una simple crítica o comentario sobre un asunto en concreto.

En la actualidad, vivimos interconectados a través de una red de información que genera contenido constante y en donde los reporteros, los editores y la audiencia se encuentran a un mismo nivel. Ahora, al mismo tiempo se es lector y escritor. Es un sistema interactivo y debido a ello, se dice que los medios ya no tienen la exclusividad sobre la información pues el ciudadano, aportando sus experiencias personales puede formar parte de ese proceso de creación, lo que hace que la información sea de todos para todos.

Artículos Relacionados
-“El periodismo ciudadano se ha convertido en el quinto poder”: http://www.euskadinnova.net/es/innovacion-social/noticias/periodismo-ciudadano-convertido-quinto-poder/8218.aspx
- Debate sobre si existe o no el periodismo ciudadano, en concreto en los blogs: http://www.elpais.com/articulo/internet/periodismo/ciudadano/existe/elpportec/20060302elpepunet_7/Tes

Bibliografía
- http://www.periodismociudadano.com/
- http://es.wikipedia.org/wiki/Periodismo_ciudadano
- http://es.wikipedia.org/wiki/Crowdsourcing
-http://www.clasesdeperiodismo.com/2011/08/28/11-sitios-web-que-los-periodistas-ciudadanos-deberian-conocer/
- http://elobservatodo.bligoo.com/content/view/180582/El-Periodismo-Ciudadano.html
-http://www.elpais.com/especial/revueltas-en-el-mundo-arabe/
-http://www.clasesdeperiodismo.com/2011/11/26/%E2%80%9Clos-egipcios-hemos-demostrado-que-el-periodismo-ciudadano-es-muy-poderoso%E2%80%9D/

Entradas Recientes

“El periodismo no se muere ni está en crisis, porque vive en los grandes reporteros”

Vía noticiasdeguipuzkoa.com
Xabier Iglesias entrevista en el libro ‘Seguimos informando’ a ocho periodistas inquietos, ‘freelance’, reconocidos por su trabajo. En él dialogan sobre el oficio de narrar y constatan que, a pesar de los problemas de los medios de comunicación, el periodismo no desfallece.

Xabier Iglesias, autor de 'Seguimos informando'.

El donostiarra Xabier Iglesias (1981) descubrió en las calles aledañas de los medios de comunicación que hay un puñado de periodistas que se mueven libres, sin rendir cuentas: son freelance. Están escribiendo el relato de lo que palpita en los ciudadanos y no atienden a los gritos de pánico de los editores. En el libro Seguimos informando, Iglesias entrevista a ocho de estos cronistas (Zigor Aldama, Martin Aldalur, Mikel Ayestarán, Ander Izagirre, Daniel Burgui, Antonio Pampliega, Alberto Arce y Xavier Aldekoa), “una generación estrella”, según su autor. Y para certificar esta categoría, también incluye dos relatos de muestra por cada periodista. En este primer tomo, de una futura trilogía, reivindica la forma de hacer reporterismo de los freelance. En las dos siguientes entregas Iglesias se centrará en los fotoperiodistas y en las mujeres cronistas, respectivamente.

En su libro entrevista a ocho periodistas reconocidos por sus reportajes, pero que muchas veces no encuentran quien publique sus historias. ¿Por qué hay esta contrariedad?

Los medios de comunicación se han convertido en negocios que no tienen ni idea de periodismo y han decidido dejar de ejercer como cuarto poder, le dan la espalda a las historias comprometidas. En cambio, con el libro quiero reivindicar los buenos reportajes que sí sirven a la sociedad, para justificar que la profesión no se muere, que no está crisis, porque vive en los grandes periodistas. Y, de esta forma, quiero volver a ilusionar a los lectores para que vuelvan a creer en una profesión atacada. Porque es normal, viendo la situación actual de los medios, perder la fe en la profesión.

En los reportajes que incluye, ¿hay alguna unidad temática?

Están más conectados por la forma en que trabajan los periodistas: son relatos que personalizan al protagonista. Y me he permitido etiquetarlos como comprometidos por el respeto que les demuestran. Es “periodismo con botas”, como explica Ander Izagirre, que busca las historias de primera mano, está en la calle y conoce a la gente. Además, los textos de muestra también sirven para demostrar que no hace falta ir lejos para encontrar buenos reportajes. La pieza de Alberto Arce, por ejemplo, es una crónica de la huelga general del año pasado en Barcelona. Como explica Daniel Burgui, el periodista tiene que “patear la calle, debajo de su casa, para buscar las historias”, porque aquí también hay gente que lo está pasando mal y que tiene una historia detrás que puede servir para despertar esa visión crítica de la sociedad.

¿No es redundante? El periodismo debe ser comprometido.

Sí, debería ser así, y es triste tener que poner una etiqueta a los reportajes. Pero muchas veces coges cualquier medio y te das cuenta de que no hay compromiso con los protagonistas de las historias ni con el lector. Quizá ese trabajo frívolo no debería ser llamado periodismo.

Estos periodistas, ¿están unidos como grupo, con reivindicaciones comunes?

Sí, ellos mismos han hecho piña bajo esa etiqueta de freelance, porque se ven desprotegidos por las empresas y sufren los mismos abusos. Enumeran, por ejemplo, la falta de respeto por su trabajo, como cuando les roban textos o fotografías, o la inseguridad laboral. Antonio Pampliega explica cómo una empresa le quiere publicar su reportaje sobre las guerras afganas, pero gratis, para darle visibilidad.

¿En ‘Seguimos informando’ hay nostalgia por cómo trabajaban antes los cronistas?

Claro, porque me inspiré en el libro de Aurelio Martín Seguiremos informando que habla de grandes periodistas como Meneses o Miguel Gil, pero que o se han retirado o han muerto. Así, mientras lo leía, me di cuenta de que ahora tenemos una generación al mismo nivel que la de los maestros, que escribe historias con mucha calidad. Por lo que con el libro quiero certificar que, a pesar de la mala situación del periodismo actual, hay un grupo de reporteros de la que nos podemos sentir orgullosos.

Aun así, mientras Izagirre o Antonio Pampliega peinan los mapas buscando reportajes, los medios organizan simposios para reinventar el periodismo.

Los gerentes de las empresas están pensando cómo rescatar el modelo de negocio, porque el periodismo no hay que reformularlo. Ya está definido, se hace en la calle, hablando y escuchando.

A los protagonistas del libro, muchas veces los medios no les publican sus historias, ¿Internet puede ser la salida?

Los freelance se tienen que buscar la vida y publican los reportajes que nadie compra en su propio blog o en un libro electrónico. Sienten que no pueden abandonar a los protagonistas de sus historias, porque tienen un pacto con ellos. Como argumenta Izagirre, su forma de trabajar “da para comer, pero para cenar ya es otra cosa”, así que siguen luchando y buscan alternativas. Estas otras opciones son el intento de cenar y desayunar, pero sin olvidar que la Red es una representación pequeña de la sociedad.

Por ejemplo, Arce publicó en el libro ‘Misrata Calling’ la crónica de la rebelión Libia que ningún periódico le compró, pero un año después del asedio, entonces ¿el lector se está quedando desinformado?

Los lectores corremos el riesgo de que cada reportero tenga que conformarse con su propia ventana en su blog. Por lo tanto, el relato estaría tan diversificado que sería imposible entender el contexto de la realidad. Es el momento de arrebatarle el periodismo a los medios y que lo gestionen los propios periodistas: crear cabeceras autogestionadas. Porque con el trauma que ha producido Internet en las empresas todavía están pensando qué salvan, y no es lógico conservar, desde el enfoque tradicional, la idea de tener a doscientas personas sentadas en una redacción leyendo teletipos. El periodismo se hace en la calle.

A pesar de tener una generación estrella de periodistas, cada vez es más difícil entender las noticias. Se ha visto ahora en Grecia con el partido neonazi Aurora Dorada, que parece que ha surgido de la nada.

El problema es que los periódicos narran desde la otra punta del mundo y con el modelo empresarial del Huffington Post, que es dar mucha información superficial sin calidad. Entonces faltan los datos y el contexto, y sin ese relato ocurre que en Grecia un partido neonazi consigue 21 escaños y nadie lo ha visto venir. Y eso que las empresas lo tienen fácil para conseguir la información, porque han precarizado tanto la situación laboral que no tendrían que pagar la nómina de un redactor fijo, porque los freelance se siguen moviendo por el mundo, solo tienen que contactar con ellos.

¿Los medios de comunicación han dejado de ser útiles para los ciudadanos?

El periodismo es una herramienta que hemos dejado de usar como debería, exigiendo su responsabilidad hacia la sociedad. Por eso, creo que el periodismo sigue vivo en los grandes periodistas y ahora hace falta que se lo arrebaten a los grandes medios, a esos malos gestores.

Si a estos ‘freelance’ les ofrecieran un puesto fijo, ¿lo aceptarían?

No lo sé, porque a todos los veo muy yonquis de la adrenalina de viajar, de la aventura y de la libertad, no los sitúo en una redacción. Lo pasan mal pero continúan luchando por este tipo de periodismo. Ellos son conscientes de que renuncian a muchas cosas: Burgui me decía que sabe que no se va a poder comprar un coche o una casa, pero no le importa porque todo el dinero que consigue lo destina para seguir viajando y buscando historias. De todas formas, si aceptasen un empleo fijo, creo que exigirían unas condiciones de trabajo que fuese un equilibrio entre lo que les exige el medio y lo que a ellos les gusta hacer. El ejemplo es Arce, que está ahora en Honduras escribiendo para Associated Press. Él comentaba que lo primero que tuvo que cubrir lo hizo a kilómetros de distancia y que no estaba orgulloso de esa forma de trabajar. En cambio, luego se interna en una cárcel y recoge tanto material de denuncia como para sacar un libro.

A pesar de lo anteriormente hablado, ¿los periodistas somos demasiado victimistas?

Creo que hay que quitarle el dramatismo a la situación del periodismo, y aportar más propuestas que quejas. Si aquí no se valora el trabajo de los profesionales quizá haya que salir fuera y ya está, sin ningún tipo de reparo.

Por el ejemplo que transmiten los ‘freelance’ de su libro, parece que lo único bueno que puede dejar la crisis es un periodismo más social, más preocupado por la calle.

Yo no tengo ningún miedo a que caigan las estructuras existentes. Es cuestión de perspectiva: ¿hacia dónde nos lleva la crisis? Lo veremos. Pero los momentos de cambio dejan a mucha gente en shock, y hay que buscarse la vida y tener ilusión por hacer cosas, como los protagonistas del libro.

En su libro destaca que, de los ocho periodistas ‘freelance’, cinco son euskaldunes. ¿Es casual, o tiene que ver con una forma distinta de entender el oficio?

Es casualidad, no era la idea. Después de hacer las entrevistas me doy cuenta de que casi todos se conocen entre ellos, se dan consejos sobre cómo trabajar los temas. En el caso de los freelance vascos, me imagino que alguien habrá marcado el camino primero y luego los demás le siguen porque entienden el periodismo de la misma forma, como una labor social, comprometida. Este es el caso de Burgui e Izagirre, que son amigos y tienen muchas similitudes en su forma de narrar y acercarse a los protagonistas.

El libro pretende ser el primer tomo de una trilogía periodística, ¿qué incluirá en los otros dos ejemplares?

La segunda publicación tratará sobre los fotoperiodistas españoles, como Samuel Aranda, ganador del World Press Photo, o Diego Ibarra. El hilo conductor serán conversaciones en torno a una fotografía suya, y de ahí que vayan explicando cómo entienden el oficio. El último libro quiero centrarlo en las mujeres reporteras, como Mónica G. Prieto, corresponsal para diversos medios en Oriente Próximo, Mayte Carrasco o June Fernández. A ellas me gustaría pedirles reportajes más centrados en los derechos de la mujer.

Los periodistas de los medios online consideran que su condiciones son mejores que en los offline

Vía PRNoticias
La Asociación de Periodistas de Información Económica (APIE) y Gas Natural Fenosa han presentado un estudio, en el salón de actos de la Asociación de la Prensa, sobre la ‘Profesión Periodística’.
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Gas Natural Fenosa junto con la APIE, han presentado un estudio sobre la actual situación sobre la ‘Profesión Periodística’. 122 periodistas han sido la muestra para contestar a diversas preguntas sobre cómo es la situación del sector.

Tal y como explica Jordi García Tabernero, director general de comunicación y gabinete de presidencia de Gas Natural Fenosa, el trabajo ha tenido dos partes, ‘conocer cómo, desde Gas Natural Fenosa, podemos mejorar nuestra relación con los medios y saber cómo vemos la profesión periodística’.

Para los profesionales encuestados, adaptarse a las nuevas tecnologías es uno de los retos principales a los que se enfrentan, además de la precariedad laboral, la reducción de plantilla y los bajos sueldos. Si nos centramos en la prensa online, la principal preocupación para éste medio es poder dar una información de calidad.

Sobre la influencia de los medios de comunicación sobre el poder político, el estudio desvela que un 53% de periodistas dice que los medios de Comunicación han perdido influencia en este sector, al igual que en el poder económico, que afirman que han perdido un 61% de influencia.

Radio y Prensa son los medios que más acusan estas bajadas y piensan que el mayor motivo es por la crisis económica, por la dependencia de las empresas y por la publicidad. El único aspecto positivo por el que se cree que la bajada de influencia no es mayor es porque los medios siguen siendo portavoces de estos sectores.

Por otro lado, si nos referimos a las condiciones generales de la profesión periodística, 8 de cada 10 piensan que la profesión ha ido a peor. Los que tienen estas opiniones, principalmente son de medios off, ya que los trabajadores de los medios online son los únicos que dicen que sus condiciones han mejorado.

Con respecto a la libertad del periodista para ejercer su profesión, la prensa escrita son los que tienen peor percepción y en general, un 50% de los encuestados dice que se mantiene igual que antes.

Nuevas tecnologías
El 77% de los encuestados ven las nuevas tecnologías como una oportunidad y tan sólo un 2% como una amenaza. La mayor parte de los periodistas coinciden en que es un canal más de información que permite llegar a más lectores, pero gran parte coincide en que son más útiles para difundir información que para informarse.

iRedes: Redes sociales y periodismo: una forma de conocer los hábitos de los lectores

Vía PRNoticias
La primera mesa redonda de Iredes trató un tema de candente actualidad. En pleno proceso de adaptación de los medios de comunicación tradicionales a la nueva realidad digital como han influido en este proceso las redes sociales.
BURGOS.- Una mesa redonda moderada por José Luis Orihuela, catedrático de la Universidad de Navarra, planteó el debate de la implementación de las redes sociales en los medios tradicionales y cómo estas han cambiado los paradigmas informativos y los procesos periodísticos.

Eduardo Arriagada, profesor de la Universidad Católica de Chile, incidió en cómo el tsunami digital transformó los procesos de comercialización del producto periodístico al considerar que debía repartir los mejores textos informativos de forma gratuita a cambio de difusión, debido en parte a la crisis de la publicidad. La aparición de los dispositivos móviles fueron un nuevo impulso para que el entorno digital se anteponga poco a poco al papel. Esto por la mejoría de la experiencia lectora con las tablets además de la reducción de los costes de producción para los medios.

Carina Novarese, Gerente Multimedia de “El Colaborador” de Uruguay, cree que las redes sociales son un elemento que además de aportar tráfico y acercar a nuevos usuarios al medio permite a los medios conocer los hábitos de los lectores. Manuel Erice de ABC quiso suavizar la importancia que los periodistas a veces damos a twitter en el ámbito informativo haciendo de problemas minoritarios como el 15M, un problema relevante solo por la importancia que se le dió en twitter.

Al respecto de la importancia de las redes sociales como elemento periodístico Eduardo Arriagada quiso valorar la importancia de las palabras que Soledad Gallego expresó sobre el periodismo la pasada semana frente a Cebrián y Polanco, afirmando que hay que hacer un buen oficio periodístico agregando las posibilidades que estas herramienta otorgan.

Las redes superan el paradigma de Gutemberg ya que posibilita una difusión antes no accesible además de permitir la interactividad con nuestras informaciones y mejorar los contenidos y fomentar la participación para hacer a los medios más cercanos.

Ramon Briongos, director de Diario de Burgos, contó que el diario se asomó a las redes sociales porque los demás lo hacían, considerando que es algo normal en un periódico con más de 100 años. Para Briongos, la revolución en el Diario de Burgos vino con twitter, la forma de hacer un periódico en la actualidad es muy similar a como se hacia en el siglo XIX, pero twitter cambio el paradigma, Burgos se ha llenado de corresponsales en la ciudad. Considera que es de vital importancia para un diario local. Pero advirtió que toda esa información que nos llega hay que verificarla, contrastarla y contextualizarla.

The Guardian condena a los tres cerditos para salvarse del lobo digital

Visto en PRNOTICIAS
En un magnífico spot The Guardian demuestra una vez más estar a la vanguardia en la adaptación del negocio periodístico a los nuevos tiempos trasladando la fábula de los tres cerditos a la Inglaterra del siglo XXI. En el video se muestra con talento como la sociedad global e interconectada puede modificar y complementar las noticias, cambiar el modo de actuar de los medios además de modificar el desarrollo de la sociedad y los hechos. Otorga al lector un papel decisivo convirtiéndolo en elemento activo de la noticia muy alejado del rol pasivo que existía en el papel.

El Spot comienza con la noticia de que el lobo ha sido cocinado vivo y la policía detiene a los tres cerditos acusados de su asesinato. Los mensajes de los usuarios en los comentarios y las redes sociales empiezan a cuestionar o apoyar la versión dada por los medios y la policía.

‘Eso no es verdad, los tres cerditos son las victimas’, ‘El lobo derribo dos casas, recibió lo que se merecía’, ‘los cerdos fueron demasiado lejos’.

El desarrollo de los hechos varia según aparecen nuevos mensajes e informaciones, como la de un video colgado en internet en el que aparece el lobo aspirando un spray para el asma. ‘El Lobo sufría de asma’ titular de The Guardian. Un video colgado en la red por los lectores cambia el escenario y modifica la noticia de que el lobo pueda derribar las casas de los cerditos.

Prueba definitiva para que las autoridades condenen a los tres cerditos por el asesinato del lobo, ya que estos reconocen haber cometido un fraude y haber matado al lobo para cobrar el seguro y cancelar el embargo de la hipoteca que el banco tenía sobre las viviendas de los tres cerditos.

Los embargos hipotecarios como los que tenían los tres cerditos empiezan a ser epidémicos en la población. Comienzan las protestas contra la banca tomando a los tres cerditos como héroes para exigir que se salve a las personas por encima de los bancos.

La noticia de que las protestas provocarán una reforma legislativa sobre los embargos aparece en un Ipad. Se cierra el círculo.

La esfera pública modifica el escenario. El lector de los nuevos medios es actor y protagonista de los hechos de este cuento periodístico del siglo XXI.

The Guardian muestra una vez más las razones por la que es el segundo medio más leído en web de Europa.

Consejos para la comunicación en tiempo de crisis

Vía apuntesgestion.com

Si hay algo que realmente provoca daños irreparables en el valor de una marca es una comunicación equivocada en momentos delicados, como pueden ser la crisis actual.

consejos comunicacion - fadesa

Si cometer errores, a la hora de gestionar la comunicación de tu marca, es perjudicial para ella, cometerlos en una situación de crisis es como acelerar una metástasis en un enfermo terminal de cáncer. “Casi, casi la muerte”. El daño que se produce en estos momentos es tan importante que crea una cicatriz que nunca llegará a borrarse del todo.

La crisis económica actual pasará y llegará la bonanza económica, después de unos años claro… , pero creéis que alguien se olvidará del pelotazo FADESA, creéis que alguien olvidará la gestión de Fernando Martín…no se trata de si fue culpa de uno u otros sino de como se sucedieron las noticias, del pánico que se creó en familias afectadas, del barullo mediático de una noticia tan relevante a la economía nacional y de como se llevó a cabo, si es que hubo estrategia para llevarlo a cabo…

¿Que es lo primero que se debería hacer? Realmente lo primero que se debería hacer sería concienciar a losresponsables de la empresa, dirección, para que se comprometan con la preparación de la crisis desde el punto de vista de la comunicación ya que una crisis bien gestionada puede reposicionar una marca e, incluso, fortalecerla.

No hace falta recordar que el valor de las empresas radica cada vez menos en sus bienes físicos y más en sus activos intangibles por ello la principal preocupación debería ser la de salvaguardar la imagen corporativa y la de los productos o servicios de la empresa.

¿Que hacer?

Reunir el máximo de información posible
Evitar los silencios, de información, comunicando lo antes posible.
No ceder ante la presión y comunicar por stress o agobio.
Determinar el formato de la comunicación (nota de prensa, carta, reuniones con representantes, conferencia de prensa…)
Monitorizar todos los medios para establecer un seguimiento y determinar el alcance de la crisis.
Determinar la secuencia y la coherencia de la comunicación, en caso de que se trate de una crisis con extensión en el tiempo
Aconsejar sobre la política de la compañía en cuanto a rumores e imprecisiones aparecidos en los medios de comunicación.
Proponer el plan de acción para el relanzamiento de la imagen corporativa que contemple a todos los públicos
¿Que no hacer?

Informar sin el conocimiento previo y la aprobación del comité y de la alta dirección
Permitir que los miembros del comité hagan declaraciones públicas sin preparar previamente sus intervenciones.
Comunicar sólo a los medios “amigos”
Mentir sobre información crucial.
Reservarse datos fundamentales para mimizar el acontecimiento.
Mostrar incompetencia, falta de control y arrogancia
Ser insensible a las implicaciones emocionales entre los afectados por el acontecimiento.
Dar información “off the record” a periodistas u otros representantes de grupos involucrados
No considerar todas las posibles implicaciones del acontecimiento.
Tener en consideración sólo a los periodistas a la hora de comunicar

En la cúspide del periodismo

Vía EL PAÍS
-Se ha convertido en la primera mujer al frente de ‘The New York Times’
-Tiene 57 años, es dura y ansía demostrar lo que vale
-Afronta el reto de dirigir el diario más influyente en un momento decisivo para el futuro del oficio

Jill Abramson, la primera mujer directora de The New York Times, iba hacia un gimnasio en el centro de Manhattan, una mañana de mayo de 2007, cuando un camión frigorífico la atropelló. Fractura de pelvis y pierna, lesiones internas, transfusiones de sangre, placas de metal, tres semanas en el hospital, meses en una silla de ruedas, luego muletas, luego un bastón. Un año después estaba escalando una montaña en el parque nacional de Yellowstone. Se resbaló, cayó por la ladera, se rompió la muñeca y se dislocó el hombro. Tuvieron que llevarla en helicóptero al hospital, donde los cirujanos le insertaron una placa de metal más.

Jane Mayer, amiga íntima de Abramson y corresponsal de The New Yorker en Washington, insistía en una entrevista en que sigue siendo difícil encontrar a una mujer que ocupe un cargo importante en cualquier empresa o institución a la que no se califique de “dama de hierro”. Abramson otorga contenido literal, además de figurado, al término. Sus colegas la consideran dura, tenaz, adoradora de retos, una mujer que necesita demostrar lo que vale. Después de un accidente que estuvo a punto de matarla e hizo que, durante un tiempo, pensara que nunca más iba a volver a andar, tuvo que demostrar que sus huesos reconstruidos eran aún capaces de escalar montañas; hoy está empeñada en demostrar que una mujer puede asumir y conquistar el puesto más importante del periódico más admirado del mundo en una era informativa dominada por Internet en el que el futuro del sector sería incierto incluso aunque no hubiera crisis económica; en el que la supervivencia del periodismo, tal como lo conocemos, está en duda y en el que estar al frente de The New York Times exige más horas de trabajo, más versatilidad y más finura de juicio que en ningún momento. Probablemente, desde que el periódico se fundó hace 160 años.

El desafío es tan enorme que me pareció natural preguntarle enseguida, durante una entrevista que mantuve con ella en su despacho a dos meses de haber asumido el cargo de directora, si haber sido atropellada por un camión y luego caer de una montaña le habían empujado en algún momento a revisar sus prioridades, a pensar en moderar sus ambiciones terrenales, incluso en abandonar los avatares del periodismo diario por completo. La pregunta le pareció absurda. “¿Harta del periodismo?”, replicó, incrédula. “¿Harta de la vida?”.

El periodismo es para ella como las órdenes sagradas para un sacerdote
Su respuesta no tenía el menor atisbo de ironía. El periodismo, no deja duda alguna, es mucho más que un trabajo para ella; es una vocación. Como las órdenes sagradas para un sacerdote. Prácticamente lo reconoció en nuestra entrevista al señalar que The New York Times había sido para ella, desde que era muy joven, “como una religión”, lo cual inmediatamente reforzó la impresión que uno tiene como periodista europeo: nuestros homólogos estadounidenses, y especialmente los 1.200 que trabajan para The New York Times, son fundamentalmente diferentes de nosotros. En la seriedad con que se toman a ellos mismos, en su sensación de pertenecer a una gente elegida. Podrán ser irreverentes en algunos casos, pero en el fondo se creen que han ascendido a la cima de una profesión que ellos contemplan con un altísimo grado de seriedad ética. La indignada espontaneidad de la respuesta de Abramson a mi pregunta, la imagen religiosa que eligió para describir su relación con el periódico, sirvieron para reforzar el solemne estereotipo. Y para confirmar su idoneidad espiritual como defensora de la fe, como titular de un cargo que contiene, a juicio de la mayor parte del mundo del periodismo estadounidense, y de algunos admiradores en otros países, un prestigio y una autoridad papal.

Sin embargo, no existe ninguna pompa ni en su porte ni en el despacho desde el que gobierna. Apartado en un rincón anodino de la cavernosa, arquitectónicamente vanguardista redacción de acero y cristal a la que el equipo de The New York Times se trasladó en 2007, después de abandonar el rancio edificio que había ocupado el periódico durante los 100 años anteriores, el puesto de mando de Abramson es una celda monacal en comparación con los ostentosos aposentos con los que directivos menos importantes de Manhattan recompensan sus triunfos. Una secretaria me llevó hasta allí y me quedé solo unos minutos hojeando un libro que acababa de publicar cuando sigilosamente, sin que apenas me diera cuenta, entró. De 57 años, menuda y esbelta (la persona más baja de la sala en la que después asistimos a una reunión para decidir la primera página), con el cabello cuidadosamente planchado en torno a un rostro ovalado, se sentó en un sofá que podría haber sido de Ikea sin presentarse ni preguntarme mi nombre ni hacer amago de estrecharme la mano. Lo único que dijo fue “hola”. No tímida, sino segura de sí misma, estuvo sentada durante toda la entrevista con las piernas cruzadas como un hombre, el tacón del zapato derecho sobre la rodilla izquierda. Muy de vez en cuando soltaba una risa seca y ligera, pero, por lo demás, se mantuvo serena como un monje, o una monja, salvo por el traje elegante y discreto que llevaba y el ancho pañuelo de seda en unos tonos verdes y violetas propios de la vidriera de una iglesia. Me senté en otra silla, en perpendicular a ella, y le pregunté sobre su libro, el primero que ha escrito por sí sola (escribió hace tiempo con su amiga Jane Mayer uno sobre el escándalo del juez de Washington Clarence Thomas).

Para alguien cuya carrera periodística se había centrado en explicar los laberintos de la política de Washington, este libro parecía representar cierto desvío profesional, le sugerí. “Efectivamente”, fue la segunda palabra que le oí pronunciar. El libro, titulado The puppy diaries: raising a dog named Scout (Diarios de un cachorro: la cría de un perro llamado Scout), tiene una fotografía de un joven golden retriever en la cubierta. Me resultaba difícil imaginar, le dije, a un director varón de The New York Times escribiendo un libro sobre la “complejidad” de las relaciones entre los seres humanos y los perros. “Quizá”, respondió. “Lo escribí a partir de un blog que redactaba en nuestra página web en mi cargo anterior, el de directora adjunta. Solía matar de aburrimiento a los demás redactores con cuentos de nuestro cachorro. Alguno me habló sobre la necesidad de ampliar nuestra cobertura del mundo animal, y ahí empezó todo. Pero sí, seguramente fue… poco corriente. Porque lo que yo soy es periodista de investigación”.

Las noticias de primera página no están ahí porque soy mujer

Jill Abramson
Y no existe nada más serio que ser periodista de investigación en The New York Times, una misión que exige la tenacidad de un detective y el rigor legal de un juez de un alto tribunal. Esa fue la esencia del puesto que ocupó en Washington para el Wall Street Journal durante nueve años y durante otros seis después de incorporarse a The New York Times en 1997 y, con el tiempo, convertirse en jefa de la oficina del diario en Washington, antes de ascender en 2003 al segundo puesto del periódico, el de directora adjunta. Escribir un blog y después un libro sobre su cachorro, en medio de todo eso, demostró osadía. Se atrevió a mostrar, en el mundo hasta entonces rígido y masculino de The New York Times, una sensibilidad manifiestamente tierna. (En el libro no se reprime de emplear expresiones como “adorar”, “locamente enamorada” y “pura felicidad” para describir su relación con el perro).

¿Sería políticamente incorrecto, le planteé, preguntarse si, como mujer, aportaba una nueva dimensión al puesto de director? “No, no es políticamente incorrecto”, replicó. Pero tampoco pensaba que su óptica de mujer introdujera nada especialmente nuevo en la mezcla editorial. “Quiero llevar a los lectores a la trastienda cuando ocurren grandes acontecimientos y darles una idea de lo que ha sucedido realmente en la sala. Pero no creo que pueda decirse que las noticias de primera página están ahí porque soy mujer”.

Dicho esto, ser la primera mujer que manda en un periódico con 160 años de vida es algo que le parece tremendamente importante. “Estoy increíblemente orgullosa de ser la primera mujer nombrada directora de The New York Times, asumo ese trozo de historia cargado de significado, y me ha conmovido mucho ver cuántas mujeres -y cuántos hombres también- de la profesión se han emocionado con ello”.

Su éxito o su fracaso se medirá en virtud del resultado de la aventura digital
Una muestra del significado que concede Abramson a la historia, y a su nombramiento, la da una vieja fotografía enmarcada que tenía en su despacho de directora adjunta de la tercera mujer periodista que trabajó para The New York Times, a comienzos del siglo pasado. Hubo pocos progresos para las mujeres hasta 1974, cuando las periodistas del diario (el 10% de la plantilla) presentaron una demanda colectiva contra el Times por discriminación. Las mujeres ganaron, pero tuvieron que pasar otros 13 años para que una de ellas, Soma Golden, ascendiera a un puesto de responsabilidad en la parte de información “seria” (y no en las secciones de “vida”, “estilo” y “hogar”), como redactora jefa de nacional.

Fue un gran avance, pero no un vuelco trascendental. Cuando Joe Lelyveld asumió la dirección del periódico en 1994, se avergonzó al ver que en las reuniones de redacción había presentes muy pocas mujeres, o ninguna. El dilema, dijo, no se le quitaba de la cabeza. Y le llevó a cometer errores. “Promoví a las mujeres, pero no siempre a las mejores, y, cuando fracasaban, o cuando eran impopulares, era terrible”, recordó. Sin embargo, contratar a Abramson y quitársela al Wall Street Journal bajo el mandato de Lelyveld resultó una decisión muy acertada. “Era una gran corresponsal en Washington, con grandes aptitudes investigadoras”, dijo Lelyveld. “Salté ante la oportunidad de contratarla, y no solo porque era buena, sino porque, en el fondo, pensé que acabaría en un puesto de dirección”.

Y así fue. Se convirtió en directora adjunta a las órdenes de Bill Keller, que pasó a ser director en 2003. Abramson no dejó que sus éxitos le impidieran ver que todavía quedaban batallas por librar. Los colegas la recuerdan en la redacción haciendo comentarios irónicos sobre la ausencia de mujeres en instancias superiores. En la reseña de un libro publicada en 2006, escribió sobre las mujeres periodistas: “Se nota nuestra ausencia en las cabeceras, en las páginas de opinión y en las primeras páginas de las grandes publicaciones”.

Al contratar quiero a los mejores buscadores y a los mejores narradores
Jill Abramson
Ya no. Hoy, más del 40% de los principales cargos del periódico están ocupados por mujeres, incluido el más importante. A propósito del anuncio de su nombramiento como motivo de celebración para las mujeres, Abramson llamó a Soma Golden, ya jubilada, la noche del 1 de junio, y le pidió que fuera a presenciar el traspaso en la redacción de The New York Times al día siguiente. Volvió a pensar en la historia. Iba a asumir el puesto por sí misma, porque era ambiciosa; iba a asumirlo por su devoción a la causa; pero también iba a asumirlo por las mujeres del mundo. “Sí”, dijo Golden, encantada de que la hubiera invitado. “No cabe duda de que había algo de hermandad femenina en ello”.

Igual que quizá hubo también algo de simbolismo solidario en la decisión de Abramson de llevar un vestido negro de verano para la ocasión, en lugar de pantalones. Pero la solidaridad femenina no estuvo necesariamente en evidencia en la ceremonia, en la que, según recuerda una periodista del diario, el ambiente predominante, incluso entre las propias mujeres, más que de celebración por el nombramiento de Abramson, era de pena por la marcha de Bill Keller, que había decidido voluntariamente retirarse para dedicarse a escribir. En opinión de todos, Keller, que obtuvo un Pulitzer de periodismo durante su época de corresponsal en Moscú, fue capaz de mantener estable la nave durante un periodo económico tormentoso en The New York Times (“tiempos de miedo y pánico”, lo calificó un veterano periodista), provocado, como en toda la prensa, por la desaparición de periódicos impresos y una caída de los ingresos por publicidad que no se había visto compensada por la expansión de Internet, que -al ser de acceso gratuito- había tenido el efecto perverso de aumentar el número de lectores pero de reducir los ingresos. Hoy, en medio de un desolador panorama de periódicos muertos o moribundos en Estados Unidos, The New York Times se mantiene, maltrecho pero erguido. “Después de años de dedicarse a escribir necrológicas prematuras o incluso aplaudir nuestra muerte, creo que hemos pasado de terrible desánimo a un punto en el que las cosas están estables y confiamos en nuestra supervivencia”, dijo Keller, expresando una opinión generalizada entre sus antiguas tropas aliviadas.

Mientras que viejos rivales como el Washington Post y el Chicago Tribune han eliminado casi por completo las corresponsalías, The New York Times tiene casi tantas como antes de que Keller se hiciera cargo de la dirección, en 2003. Aunque no existe margen para la autocomplacencia, como dijo Keller, en estos momentos el periódico ingresa más dinero del que gasta. Uno de los factores que lo explica, importante y alentador, es que la decisión tomada en marzo de este año de cobrar por el pleno acceso a la página web del periódico ha resultado, pese a todas las advertencias en sentido contrario, un éxito. El número de suscriptores de Internet se acerca ya a los 300.000 y, si se añaden los suscriptores al periódico impreso, el total es la sólida cifra de 850.000.

Por todos esos motivos, y también porque Keller era considerado en general como una persona inteligente y justa, el nombramiento de Abramson no se recibió con alegría inmediata entre los redactores. En cuanto a los méritos intrínsecos de Abramson para el puesto, las opiniones estaban divididas, y siguen estándolo. Un indicio de lo que piensa la gente lo dan las reacciones a la publicación del libro sobre el cachorro. Para los que están en contra, es ridículo; para los que están a favor, es señal de una extraordinaria seguridad en sí misma. En conversaciones forzosamente off-the-record (pese a lo mortificante que resulta para unos periodistas, precisamente, rebajarse a semejante cobardía), la postura de los detractores es que Abramson no es una gran intelectual, en contraste con la opinión general sobre Keller y Lelyveld; que no es una periodista de investigación tan buena como ella piensa (no tiene ningún premio Pulitzer en su repisa); que fue jefa de la delegación en Washington durante un periodo en el que muchos consideran que el periódico fue incapaz de proponer argumentos contundentes contra la guerra del presidente George W. Bush en Irak; que es una manipuladora política; que, también a diferencia de Keller y Lelyveld, y de la mayoría de los directores ejecutivos de los últimos 50 años, no tiene ninguna experiencia como corresponsal en el extranjero; que pasa demasiado tiempo prestando una frívola atención a la cultura popular a través del canal Entertainment Television; que es distante, temperamental y no sabe escuchar.

Los que están a favor de su nombramiento (hablé con una docena de periodistas que la conocen) opinan que es extremadamente inteligente; que lo hizo muy bien como directora adjunta; que tener astucia política y ascender a la cima de una empresa son dos cosas que siempre van unidas; que, como jefa de la oficina de Washington, no tuvo más remedio que adquirir grandes conocimientos de política exterior; y que la responsabilidad de cualquier fallo a propósito de Irak es del periódico en general, no suya. En cuanto a su interés frívolo y al parecer reciente por la cultura popular, sus partidarios lo consideran una prueba de la seriedad con la que se toma un trabajo que le exige aprender sobre la amplia variedad de temas que surgen en Internet.

En lo que tanto los partidarios como los detractores están de acuerdo, no obstante, es en que efectivamente tiene la reputación de ser distante y temperamental, además de no saber escuchar. Ella es consciente y ha tomado medidas. En primer lugar, nombrando a Dean Baquet, que es negro, su número dos. Baquet es sociable y simpático, y en el periódico es ampliamente respetado; segundo, haciendo realidad en parte una promesa que incluyó en su discurso de aceptación, el día en el que se anunció su nombramiento, de ser accesible a todos. No se ha dejado ver en la redacción tanto como algunos esperaban que hiciera, pero sí ha insistido (tal vez aplicando las enseñanzas de su experiencia como criadora de un cachorro) en recompensar la buena conducta, por ejemplo enviando e-mails de felicitación a los que han hecho un trabajo especialmente bueno. Eso no era habitual con el régimen anterior, e incluso veteranos reporteros confiesan que agradecen esas palmadas digitales en la espalda.

Por otra parte, no sería propio del estilo de Abramson mostrarse sensiblera con sus subordinados en persona. Ella misma cuenta en el libro del cachorro que su hermana le dijo una vez: “Fuiste una madre maravillosa, pero nunca te he visto tan cariñosa ni expresiva con nadie como con este perro”. “Es verdad”, escribe Abramson. Y reconoce que su relación sentimental con su perro parece darle “un certificado de mejor persona”. Existe otra historia de la que pocos fuera de su círculo íntimo han oído hablar y parece indicar que tiene más de amable de lo que dicen sus detractores. Jane Mayer me contó que Abramson y su marido Henry Griggs, un compañero de clase en Harvard con el que lleva casada 30 años, tienen un “hijo adoptado”, o algo muy parecido.

El hijo de Abramson, Will (tiene también una hija, Cornelia), tenía un amigo íntimo llamado William Woodson en el colegio público al que iba en el área de Washington. William era un chico negro cuya familia procedía de Anacostia, un barrio pobre, totalmente negro, separado de Washington DC por un puente (muy parecido a lo que era Soweto respecto a Johanesburgo durante los años del apartheid, salvo por el puente). Cuando William acababa de empezar la enseñanza secundaria, su familia tuvo que regresar a Anacostia. Aquello singificaba que iría allí al colegio. Inevitablemente tendría peor nivel educativo que el excelente centro al que asistía con su amigo Will. Jill Abramson propuso una solución. William debería ir a vivir con ella y su familia y, de esa forma, completar sus estudios en el colegio bueno. Lo hizo durante siete años. “William”, dice Jane Mayer, “era como el tercer hijo de Jill. Ella contribuyó a pagar incluso su matrícula en la universidad y, más tarde, le ayudó a conseguir un buen trabajo. Creo que le quiere tanto como a sus propios hijos. Todavía hoy va con frecuencia a su casa de Connecticut. Pero en ningún momento ha querido Jill llamar la atención sobre su relación con él”.

Las facetas privadas de Abramson contrastan claramente con la imagen de “dama de hierro” que, dice Mayer, suscitan todas las mujeres en puestos de poder. Todas las mujeres que tienen autoridad en grandes organizaciones se debaten con la cuestión de cómo dirigir a la gente sin ser vistas como antipáticas, “cómo ser jefas sin ser mandonas”, en palabras de Mayer. “Pero, aunque Jill es consciente del problema, no está demasiado preocupada por él”. En eso, su aparente seguridad en sí misma le es muy útil, esa actitud franca que vi en mi entrevista con ella y que Mayer presenció cuando trabajaban juntas en su libro hace casi 20 años. “Era más directa que yo a la hora de hacer preguntas, iba más al grano, tenía más espíritu de reportera”. Y era también, pudo ver Mayer, “una fuerza intelectual, apasionada por la política y por los mecanismos del poder”.

De pronto, se ha encontrado en una posición que le permite dar un uso práctico a esos conocimientos. Y lo ha hecho, por lo menos, en un aspecto importante. “Ninguno de sus predecesores”, me dijo un veterano periodista de The New York Times, “impuso tantos cambios tan pronto”. Nada más tomar posesión en septiembre, se propuso limpiar las altas instancias de dirección en el periódico para transmitir el mensaje inequívoco de que el pasado era el pasado y ahora era ella la que mandaba. Sin embargo, una crítica que se le hace es que, en su intento de hacer exhibición de fuerza, ha mostrado debilidad. En la redacción existe una opinión de que se ha rodeado de personas leales a ella, y eso ha provocado una acusación que suele hacerse contra los políticos, la de que ha escogido como lugartenientes a hombres y mujeres que dicen que sí a todo, y no a los más apropiados para el trabajo. Si eso es cierto, y algunos en el periódico lo discuten, es una visible maniobra de poder que muchas veces delata una inseguridad de fondo. Una inseguridad a la que ella, resulta, no es del todo ajena. El verano pasado se quebró durante un instante el barniz de persona dura que se esfuerza en enseñar: se le escapó en una reunión con periodistas de los medios de Nueva York que sí estaba inquieta por cómo iba a hacer su nuevo trabajo. “Quiero hacerlo bien”, dijo, “y a veces me preocupa que no voy a ser capaz”.

Parte de la preocupación, le propuse durante la entrevista en su despacho, podría partir del temor a que un fracaso suyo podría interpretarse como un golpe no solo para ella, sino para todas las mujeres. La primera palabra de su respuesta fue la misma que usó cuando le pregunté si sería una sorpresa que un director hombre de The New York Times escribiese un libro sobre un cachorro. “Quizá”, respondió; una forma en clave, clara y sonora, de decir “sí”. Pero se apresuró a levantar el muro otra vez. “Quizá es verdad que lo sería”, dijo, “pero creo que uno viene a trabajar cada día decidido a triunfar y a hacerlo bien, y soy consciente, desde luego, después de decenios en el periodismo, de que siempre surgen crisis, pero ya he sorteado algunas grandes y he aprendido de ellas. Creo que tenemos mucho sentido común. Creo que soy la periodista adecuada para tener este cargo en The New York Times en este momento”.

Uno de los motivos por los que cree que es la persona adecuada para la tarea es que, cuando era directora adjunta, pasó seis meses trabajando estrechamente con la sección digital del periódico. Ahí concentra la mayor parte de su atención hoy. En virtud del éxito o el fracaso de la aventura digital, de que funcione o no como negocio, se medirá su propio éxito o su propio fracaso. No se hace ilusiones. Las aguas por las que navega The New York Times, como todos los periódicos, son imprevisibles, como ella reconoció cuando le pregunté si estaba preparada para las traicioneras rocas que le aguardaban. “Estoy preparada para las rocas e incluso para los icebergs, y cosas peores”, dijo. Entonces, ¿dónde estaba The New York Times ahora? ¿Cómo definiría ella el momento que vive el periódico? “Es una transición, y estamos completamente en medio de ella. Pero tenemos el rumbo trazado y fijado por nuestros valores fundamentales”.

Abramson tiene un mantra que repitió tres veces en nuestra entrevista. Dijo que los valores fundamentales de The New York Times son “información rigurosa, edición inteligente y redacción elegante”. Estupendo, le dije. ¿Pero no hay una contradicción? Para empezar, ¿el batiburrillo multimedia no perjudica la elegancia de la palabra escrita? Respondió que no. Dijo que en la página web del diario que dirige, que es “una maravilla de la innovación”, los cortes de audio o de vídeo insertos en las noticias pueden “intensificar el efecto” y “adornar” la interpretación y la sensación que saca el lector de lo que le están diciendo.

Solo que, una vez creada esa mezcla, el lector deja de ser mero lector para ser además telespectador y oyente de radio, y los sonidos e imágenes en movimiento pueden sustituir la posible falta de elegancia o profundidad descriptiva del periodista. Abramson no estaba de acuerdo, e insistió en que por algo la página web de The New York Times, número uno en el ranking mundial de periódicos con 46 millones de visitas al mes, es “la envidia de todos en nuestra profesión y se ha convertido en parte fundamental de la vida de tanta gente en todo el mundo”: la experiencia digital, en lugar de perjudicar la naturaleza del producto, la ha mejorado.

¿Quería decir eso, le pregunté, que hoy, al contratar a un nuevo periodista, miraba más allá de las aptitudes periodísticas tradicionales y buscaba gente capaz de rodar vídeo o que conociera la escritura html? “Lo que busco, ante todo, es el talento para contar historias en las que hay detalles y uno puede ver en su cabeza cómo se desarrolla la acción. Quiero a los mejores buscadores y los mejores narradores, y no me siento aquí a preguntarles cuánta experiencia de vídeo tienen ni si son duchos en html 5. Pero eso también me interesa y, cuando alguien está a gusto con los multimedia, o el vídeo, o cualquier formato digital, me impresiona y me parece atractivo, desde luego”.

Como decía Abramson, es un momento de transición. Repasando la evolución de su periódico en los últimos años, parecía que las confusiones inherentes a todas las transiciones habían alcanzado a esos valores fundamentales que definía. No solo a la idea de elegancia en la palabra escrita, sino a los otros dos principios de su mantra. Fijémonos primero en la “información rigurosa”. En The New York Times siempre ha existido el principio rector de que la información rigurosa exige una rígida separación entre la noticia y la opinión. En nuestra entrevista, Abramson dijo que combinar las dos era una costumbre europea. “En Europa, la tradición es algo distinta, porque el límite entre las noticias y la opinión no está tan nítida como aquí”. Como prueba de la pureza de su periódico en este sentido, mencionó el hecho de que, dentro de las competencias de su cargo, ella no cuenta nada en las páginas de Opinión. Sin embargo, a juicio de muchos tradicionalistas descontentos del periódico, ese límite se ha cruzado en las páginas de información que sí están a su cargo y continúa cruzándose a diario. Abundan los casos, argumentan, en los que se funden noticias y opiniones; se depende menos de las cosas que dicen las “fuentes”, con nombre o sin él, y el periodista tiene más margen para hacer declaraciones que el que podía tener hace 10 años. Un ejemplo reciente entre muchos es un artículo “informativo” publicado en noviembre sobre el candidato presidencial republicano Newt Gingrich en la sección de Política del periódico. “Newt Gingrich”, empezaba el texto, “es historiador. Tiene un doctorado en historia. Si se nos ha olvidado, él nos lo recuerda”. Es un comienzo elegante, que invita a seguir leyendo, pero al estilo moralmente reprobable europeo. Porque rezuma sarcasmo, y el sarcasmo es opinión. Desde el primer instante, no existe ninguna pretensión de equilibrio. La balanza está inclinada contra Gingrich.

Abramson intenta explicar esta contaminación aparente del dogma tradicional de The New York Times mediante una distinción (que algunos redactores del periódico consideran falsa) entre opinión y “análisis”. “Nuestros lectores siempre han tenido un enorme deseo de ver los acontecimientos situados en contexto y analizados. Pero eso es información, no opinión. Los puntos del análisis pueden parecer cargados de opinión, pero nuestros editores y nuestros redactores tienen mucho cuidado de mantener la diferencia entre noticias y opinión”. Y sin embargo, también es cierto, como destacan algunos en el periódico, que en los últimos 10 años se ha dejado de poner el énfasis en el tradicional “quién, dónde, cuándo, qué” de una noticia para pasar al “cómo y porqué”.

Si The New York Times recurre cada vez más a lo que Abramson llama análisis debe de ser, en parte -y ella no está en desacuerdo con esto- por el torrente de información, o lo que se supone que es información, que circula por Internet, y que contribuye a que ese deseo que describe de contexto y explicación sea aún más necesario y acuciante.

Pero también está la obligación de competir con el babel de ruido que nos rodea, y eso provoca otro tipo de urgencia: volcar la información que se tiene a la página web con más rapidez que nunca. Ahí es donde el tercer “valor fundamental” del mantra de Abramson, “edición inteligente”, también se tambalea. Cada vez más reporteros de The New York Times tienen blogs en los que vuelcan su material al instante, prácticamente sin editar. Los blogs en tiempo real están muy lejos de los viejos métodos para publicar historias en el periódico, que dependía, hasta un punto que a los periodistas europeos les parecería insufriblemente legalista, de unos redactores jefes de una irritante pedantería.

Por eso, lo que le pregunté a Abramson fue: ¿no significaba este cambio al blog en directo una pérdida inevitable de control de calidad? “Bueno”, respondió, “usted puede pensar eso, pero creo que, en la mayoría de los casos, los periodistas toman tan en serio las normas del Times que no van a desmadrarse, a repetir algo que no esté confirmado ni escribir en tono sarcástico”.

Lo cual sugiere quizá la pregunta de por qué eran necesarios todos esos editores de ojo de águila. Claro que, si los editores dejan de tener la función que tenían, ¿dónde estará la diferencia entre un periódico tradicional y los miles de sitios multimedia que surgen sin cesar? “En el periodismo de calidad”, dijo Abramson, al final de nuestra entrevista. “En una información fantástica, y en una redacción y en un análisis magníficos, y en una edición fantástica”.

Calidad: esa -y están de acuerdo todos los periodistas deThe New York Times, independientemente de sus opiniones sobre Abramson- es la palabra. La calidad tiene que ser la respuesta para crear periodismo que venda. Pero la definición de la calidad y de las reglas según las cuales se toman decisiones editoriales no están tan claramente definidas como antes. Más que cualquier otro jefe de The New York Times en tiempos modernos, Abramson carga con tener que inventarse las reglas sobre la marcha, de verse obligada a emitir juicios subjetivos sobre cuestiones fácilmente resueltas anteriormente recurriendo al viejo y deshilachado concepto periodístico de la objetividad. Hoy todo está en flujo; hasta la propia palabra en inglés para “periódico”, “newspaper” (papel de noticias), está perdiendo validez. El hecho de que Abramson escogiera el adjetivo “fantástico” al final de nuestro encuentro fue significativo. Era menos preciso que otros adjetivos que había empleado con anterioridad -riguroso, inteligente, elegante- y más abierto a una interpretación imaginativa.

Transición, la palabra clave en relación con el momento que está viviendo The New York Times, significa evolución, supervivencia de los más fuertes, adaptación. Para este diario, como para todos los periódicos tradicionales, la consigna hoy tiene que ser adaptarse o morir. El hecho de que una mujer -una mujer que escribe sobre su cachorro- haya sido escogida como directora indica en sí que nos encontramos en una época de cambios revolucionarios. The New York Times no es, al fin y al cabo, el papado. No es la Iglesia católica. Está transformándose, por pura necesidad, con los tiempos. Quizá, quizá mucho más, incluso, de lo que Jill Abramson esté dispuesta a creer, o a reconocer.

Las diez claves del sector de medios de comunicación en 2012


Vía Periodista digital
Profesionales del mundo del periodismo, la comunicación y las redes sociales han sido convocados para crear el libro ‘Perspectivas de la comunicación 2012’, una iniciativa de la empresa Welcomm que permite entender los distintos enfoques que pueden marcar la evolución del sector este año.

Del libro, que cuenta con la participación de 46 especialistas y puede ser descargado en este enlace, se pueden extraer 10 claves para la comunicación en 2012, según los participantes:

1.- Integración definitiva de las redes sociales y de microblogging en la radio, la televisión y la prensa.
2.- Aumentará el protagonismo de la comunicación cualitativa. La profesionalidad y el valor del contenido de calidad se alzarán detrás de cualquier formato innovador.
3.- Se producirá un regreso al periodismo genuino, pero no en los soportes tradicionales. La credibilidad y la reivindicación de la profesión periodística determinarán el devenir del sector.
4.- El auge de las tablets y los eBooks irá de la mano de nuevos formatos periodísticos de mayor profundización y análisis.
5.- Seguirán surgiendo nuevas formas de comunicación de crisis a través de los nuevos canales. La monitorización será más importante que nunca para poder anticiparse a potenciales crisis.
6.- La exigencia de la transparencia como requisito fundamental para empresas y corporaciones se dará a todos los niveles.
7.- Los profesionales de la comunicación deben potenciar su personal branding en un entorno laboral difícil y competitivo.
8.- Las empresas y organismos públicos deben aprender a interactuar con los “eCiudadanos” de forma directa y sin intermediarios.
9.- Los nuevos espacios para la libertad de expresión convivirán con la amenaza del control, la vigilancia y la censura. Aumentará el interés por la privacidad y la seguridad.
10.- Las universidades irán incorporando las nuevas tecnologías a sus programas.

‘Tijeretazo’ sin precedentes en RTVE: recorta el 25% de los sueldos de sus estrellas y elimina los coches oficiales

Vía Periodista Digital
El recorte supone un ahorro de 5 millones de euros y ha sido aprobado por unanimidad

El paquete de medidas responde así a la petición del Gobierno de ‘adelgazar’ en 200 millones de euros las cuentas de la corporación.

Tras el recorte anunciado por el PP de 200 millones de euros en las arcas de RTVE, el Consejo de Administración ha hecho públicas el 8 de febrero de 2012 un paquete de medidas que comprende resoluciones tan llamativas como la reducción del 25% de los sueldos de sus estrellas y la eliminación de los coches oficiales para directivos y consejeros durante dos meses.

El ‘tijeretazo’ supone un ahorro de 5 millones de euros y ha sido aprobado por unanimidad en la mesa del Consejo.

Reproducimos el comunicado del Consejo de Administración de RTVE:

El Consejo de Administración en su sesión de hoy, día 8 de febrero, ha acordado por unanimidad adoptar un primer paquete de medidas de ahorro para asumir el recorte presupuestario de 204,8 millones de euros anunciado por el Gobierno para el ejercicio 2012. Son las siguientes:

1-Reducción del 10% de la estructura directiva de la Corporación RTVE.

2-Reducción del 25% de la cuantía de los contratos con los principales presentadores de programas de televisión, con un ahorro estimado de 700.000 euros.

3-Propuesta de reducción en la misma proporción de las retribuciones de los principales presentadores de los espacios informativos de televisión.

4-Reducción de las retribuciones a colaboradores y tertulianos de televisión, de entre un 14 y un 50%, con un ahorro estimado de 200.000 euros.

5-Propuesta de reducción del importe de los contratos con los principales presentadores de programas de radio, así como del número de colaboradores y tertulianos y de la retribución que éstos perciben, con un ahorro estimado de 500.000 euros.

6-Optimización de recursos técnicos en la red de RNE, con un ahorro estimado de 250.000 euros.

7-Transportes: Supresión de todos los coches asignados a consejeros y directivos en el plazo de dos meses, y supresión de los gastos de desplazamiento de tertulianos, colaboradores y presentadores que reciban remuneración por su participación en programas. Estas partidas
suponen un ahorro estimado de 1,5 millones de euros.

8-Restricción de viajes y dietas no relacionadas con produccción, priorizando vías alternativas, como un mayor uso de la videoconferencia.

9-Renegociación con proveedores de servicios generales (telefonía, transportes, limpieza, comunicaciones, etc) con el objetivo de conseguir reducir el importe de los contratos

10-Utilización preferente de comedores de la empresa para comidas de trabajo. Limitación de la cuantía de las comidas de trabajo fuera de las instalaciones de RTVE.

11-Reducción de viajes de representación institucional internacional.

12-Búsqueda de nuevos recursos en programación para la obtención de nuevos ingresos (optimización de derechos musicales), lo que puede suponer una aportación de 2 millones de euros.

Este primer paquete de medidas supone un ahorro mínimo estimado de 3.150.000 euros y unos nuevos ingresos de 2 millones de euros. En la misma sesión, el Consejo ha acordado por unanimidad que se constituya la Comisión de Producción Interna en el plazo de una semana. El Consejo se reunirá de nuevo la próxima semana para seguir estudiando nuevas medidas de ahorro.

Turquía: con más de cien periodistas entre rejas urge una reforma de la Ley

Vía PRNOTICIAS
Turquía se ha convertido en los últimos meses en una de las mayores cárceles de periodistas del mundo con más de 100 profesionales entre rejas. 13 de ellos fueron arrestados en marzo, al ser acusados de pertenecer la red terrorista Ergenkon. La ley antiterrorista del país desprotege a la prensa, a la que se la puede acusar de propaganda solo por escribir del tema. Nedim Sener y Ahmet Sik están entre los detenidos por este caso y un juzgado de Estambul rechazó este viernes su puesta en libertad.

Turquía es uno de los países con más periodistas encarcelados. Un total de cien profesionales se encuentran entre rejas por ejercer su trabajo. Desde marzo de 2011 13 periodistas engrosaron esta lista al ser acusados por el Gobierno de pertenecer a la red terrorista Ergenekon, que pretendía derrocar al Gobierno.

Dos de los periodistas detenidos son Ahmet Sik y Nedim Sener, este último declarado héroe de la libertad de prensa por el Instituto de Prensa Internacional en 2010 y reconocido en 2011 con el premio PEN Internacional. Precisamente los artículos de Sener eran ideológicamente opuestos a la red Ergenekon, a la que acusaba de haber asesinado al periodista Hrant Dink, redactor jefe del semanario Agos. Aunque en sus escritos también detalló los errores de la policía y los servicios de inteligencia que permitieron el asesinato de Dink.

Los cargos con los que acusó a Sener fueron muy vagos, como incitación al odio, que fue eliminado de la acusación formal posterior, tal y como indica Reporteros Sin Fronteras. La organización ha pedido la liberación inmediata de los periodistas, a los que se ha detenido sin revelar las pruebas contra ellos por razones de confidencialidad. También ha solicitado al sistema judicial turco que restrinja de manera severa el recurso de medidas excepcionales antiterroristas contra los periodistas que están haciendo su trabajo, en particular los artículos que condenan a la cárcel los casos de propaganda para una organización terrorista, que llevan a menudo a los reporteros ante los tribunales.

RSF instó al Gobierno turco a demostrar el apoyo a la libertad de los medios que proclamó durante la campaña electoral de 2011. ‘La sociedad civil turca está protestando como nunca antes ya que estas violaciones de la libertad son muy graves. Las protestas exigen una respuesta inmediata del Gobierno’ dice la organización.

Sin embargo hace dos días, el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, aseguró que a los periodistas encarcelados no se los juzgaba por sus escritos, sino que entre ellos había ‘asesinos de policías y violadores’, una declaración que en la sesión de este viernes del juicio fue denunciada por la defensa como un intento de influir la Justicia.

La próxima sesión del juicio, cuando se podrá solicitar de nuevo la libertad para los periodistas, será el próximo 12 de marzo tras ser rechazada este viernes por un juzgado de Estambul.